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Don Bosco Roga

Don Bosco Roga es la casa que los salesianos fundamos en 1988 para los niños de la calle. Desde aquella fecha han pasado por Don Bosco Roga unos 800 niños provenientes, sobre todo, de las calles de Asunción y alrededores, pero también de otros lugares de la República.

Sólo se admiten en Don Bosco Roga aquellos niños o adolescentes que están literalmente viviendo en la calle, es decir, aquellos que duermen, comen, trabajan y se divierten en la calle.

A los que trabajan en la calle, pero tienen un hogar al que acuden aunque no sea más que para cenar y dormir, se les ofrece otro programa consistente en actividades de apoyo y refuerzo, de formación profesional y almuerzo.
Mision

El objetivo que se propone Don Bosco Roga no es tener muchos niños; ¡ojalá no quedase allí ninguno! Lo que se pretende, como meta final, con cada uno de ellos, es que se reinserten en algún tipo de vida familiar: si no pude ser con los padres, al menos con la abuela o algún otro pariente.

Pero para que ello sea posible a veces tienen que pasar meses o años, a lo largo de los cuales el niño se serena, se adapta a la convivencia social, se equilibra emocionalmente, adquiere los hábitos fundamentales de conducta social y se desintoxica de las "vivencias" de la calle.

Durante su pasantía por Don Bosco Roga, al niño se le ofrece una formación lo más integral posible. En forma progresiva se le educa en valores y hábitos sociales tales como la convivencia, el trabajo, la higiene, etc...

Puede frecuentar la escuela que ahí funciona completando su primaria. Aprende uno o varios oficios en los talleres y desarrolla actividades prelaborales por las que recibe una compensación económica, la cual le permite manejarse con cierta autonomía para sus compras de ropa, sus gastos de diversión y otras necesidades personales.

Tiene abundantes momentos de recreación personal y en grupo, es atendido en su salud y se alimenta sana y suficientemente.

El sustento y fundamento de toda esta oferta es el cariño con el que es aceptado y tratado por los educadores, lo cual le ayuda a entrar en otra dinámica de relacionamiento (casi siempre desconocida para él) y a hablar otro lenguaje distinto del de la violencia, el insulto y la agresividad.

Los resultados de estos diez primeros años de trabajo son halagüeños. Han pasado por Don Bosco Roga casi 800 niños, entre los que contamos a los más de 100 residentes actuales.

Los restantes están casi todos en sus casas o incluso han formado ya su propio hogar. Sólo una decena o algo más ha ido a parar de nuevo (porque de ellas provenían) a instituciones penitenciarias o correccionales.

Modestamente, podemos decir que gracias a la acción de Don Bosco Roga y a un par más de instituciones semejantes, el problema de los niños que viven en la calle, si no ha desaparecido, está al menos controlado en Paraguay. En efecto, no encontramos en estos momentos pandillas o barras de niños durmiendo en cualquier rincón de la ciudad: se dan, más bien, casos aislados o pequeños grupos, especialmente en torno a Calle Ultima. Y ya no hay niños que lleve uno, dos tres, y hasta siete años viviendo en la calle; los que llegan a Don Bosco Róga (ya no hay que buscarles: vienen solos o traídos por otros compañeros) apenas llevan uno o dos meses fuera de su casa. Y ello, obviamente, facilita su vuelta a la familia.

Escuela, talleres, educación social, vuelta a casa: éstas son las buenas noticias sobre los niños de la calle... Pero se nos presentan también algunos interrogantes muy inquietantes: ¿Seguirá habiendo niños en las calles? ¿Quién alimentará a los niños de la calle durante este año? ¿Cómo salir al paso de los gastos que supone su educación?.


Porque niños de la calle

¿De dónde han salido esos 800 niños que han poblado Don Bosco Roga a lo largo de diez años de funcionamiento? ¿Por qué estaban y vivían en la calle? ¿Qué les lleva a eso? Son preguntas que tantas veces se nos han hecho.

La clave está en la familia

Detrás de cada niño que vive en la calle hay un grave problema familiar; o una familia que no existió nunca, o que se deshizo. Lo más común es el problema del padrastro: la mamá del niño está con otro hombre, al cual no le hace ni pizca de gracia el muchachito; al revés, le estorba. Entonces vienen los maltratos... hasta que el niño no aguanta más, se va. El padrastro queda contento porque se siente libre de un peso y de un estorbo; la mamá, ante la alternativa de perder al compañero o tener al hijo por la calle, elige el mal menor: perder un hijo para salvar al resto... Y es que suele haber otros hijos menores que necesitan imperiosamente de ese hombre.

Otras veces la causa tiene que ver con el dinero. El canillita o caramelero o lustrabotas tiene que llevar, sí o sí, un diez mil cada día a casa, o cinco mil. Pero resulta que otros compañeros mayores le robaron, o se lo gastó en juegos electrónicos, o perdió todo jugando oyavéa. Vuelve a casa frío por la pérdida de la plata y el padre - o la madre- lo calienta a garrotazo limpio. Procura que no vuelva a pasar, pero, ¡ay!, la naturaleza- y más la de un niño- es débil. Se encuentra de nuevo sin plata y entre el dolor de los garrotes- que todavía recuerda muy bien- y la intemperie de la calle prefiere ésta última, quizás con la esperanza de recuperar el dinero al día siguiente y volver... Pero esa recuperación nunca llega, todo lo contrario. Y ahí tenemos ya otro niño que se acostumbra a dormir en cualquier rincón, a disfrutar de la libertad plena de la calle, a comer lo que se le antoja y cuando quiere, a correr mil y una aventuras.

En otros tiempos - ahora no tanto- la existencia de verdaderas barras de niños y adolescentes que poblaban y vivían en determinados lugares de la ciudad, llevando una vida totalmente callejera, era un atractivo para otros más jovencitos, que se incorporaban a la barra seducidos por los amigos mayores, por el arrastre de un líder o por el deseo de vivir una engañosa libertad. Una vez que entraban en el engranaje de la pillería o el robo y tocaban el dinero fácil y abundante, ya era casi imposible el camino de retorno.

Pero siempre, siempre, detrás de todo esto hay un problema familiar. No deja de asombrar, por más acostumbrados que estemos a ello, que tan poca gente llegue a Don Bosco Róga en busca de su hijo... Sabiendo, como mucha gente sabe, que allí van a parar los niños de la calle, es llamativo que muy pocas familias se acerquen. Y cuando saben que su hijo está allí, tampoco es que lo visiten mucho...

El problema, pues, es la familia, o mejor dicho, la descomposición de la familia. El niño no es el problema, sino la víctima del problema y, en ocasiones, la solución.
Don Bosco Roga hace una labor de traumatología social, de curación de un mal ya avanzado...

Pero se impone una ingente labor de prevención: educación en el amor, preparación al matrimonio, apoyo a la familia.

Y en esto el sistema educativo, la Iglesia, los medios de comunicación, el Estado y otras instituciones públicas deben comprometerse mucho más... si no queremos seguir teniendo niños que huyen de su casa porque "no da gusto vivir allí".

Vida en don bosco

Integrar al niño de la calle en una vivencia comunitaria
¿Qué proceso se sigue con los niños desde su ingreso a la institución?
Cinco son las etapas des itinerario completo, cada una de ellas con sus objetivos y características específicos.

Primera Etapa: Ambientación

El niño llega a Don Bosco Roga por su propio pie, o traído por algún compañero que trabaja en la calle y conoce la casa, o porque ha contactado con algún educador que le orienta.

Los primeros días, o meses, vive bastante a su aire. Se le ofrece alimentación y un lugar para dormir muy semejante al que tenía en la calle: el suelo de una habitación comunitaria, con una modestísima colchoneta que no pasa de ser un trozo de goma-espuma.

Tiene posibilidad de divertirse sana y normalmente suele salir a la calle a continuar sus actividades anteriores (lustrabotas, canillita, caramelero ...).
El contacto con los educadores, especialmente con el encargado de su etapa y con los demás niños que ya llevan tiempo en Don Bosco Roga, va despertando en él el deseo de permanecer en la casa.

Cuando el niño solicita quedarse (lo que supone pasar a la segunda etapa), sabe que debe demostrar buena conducta y que debe dejar la calle. Dos condiciones importantes y a veces difíciles para niños acostumbrados a no someterse a ningún horario y a andar por su cabeza.

Segunda Etapa: Integración

Pasar a la segunda etapa supone integrarse plenamente a la vida de esa gran familia que es Don Bosco Roga, pasando el día entero en la casa. Supone también empezar a frecuentar la escuela y responsabilizarse de tareas de limpieza de los locales y patios de la casa.

Por la mañana, después de la oración y el saludo inicial, se ordenan y limpian los dormitorios, baños y alrededores. Luego del desayuno, casi todos los de la segunda etapa, van a la escuela hasta el mediodía.

Tras el almuerzo, quienes las necesitan tienen clases de refuerzo hasta la merienda. A cargo de la segunda etapa está también, en este momento, la limpieza de patios y otros lugares de uso común. Como siempre sobra tiempo, tienen un buen rato para hacer deporte o jugar libremente; no hay que olvidar que el juego es el trabajo del niño.

Después de merendar, mientras los mayorcitos van a los talleres para aprender un oficio, los pequeños tienen más tiempo de recreación y de actividades varias, que llevan hasta la cena, después de la cual se puede ver un rato la televisión y.. a dormir. Ahora sí ya en camas de doble piso, en dormitorios reducidos y debidamente acondicionados.

El objetivo fundamental de esta segunda etapa es la integración del niño en una vida comunitaria, con todo lo que ello implica de adquisición de hábitos: cumplir un horario, saber esperar la hora para comer, respetar el descanso propio y ajeno, ser constante en la escuela, asumir pequeñas responsabilidades en la casa, lavar y cuidar su ropa, saber trabajar y divertirse en grupo ...

El reverso de dicho objetivo no es menos interesante: dejar la calle y desintoxicarse de todo lo que en ella esos niños vivían: agresividad, robo, peligros morales, explotación económica por parte de adultos, drogas (tabaco, alcohol y otras...).

Tercera Etapa:
Trabajo, Cualificación y Acercamiento a la Familia.

Cuando el niño cumple cierta edad y ha demostrado buena integración en la vida común, puede ser promovido a la tercera etapa.
En ella empezará a desarrollar actividades prelaborales. Dicho más fácil: empieza a trabajar (hace bloques para la construcción, palos de escoba, tejido de alambre u otras actividades). Esto le lleva entre dos y cuatro horas por la mañana.

Por la tarde entra en la escuela, donde tiene la oportunidad de completar los estudios primarios o incluso de iniciar la secundaria.
Después de la merienda y hasta la hora de cenar es su turno en los talleres, en los que se cualifica aprendiendo uno o más oficios, tales como plomería, soldadura y herrería, automoción, electricidad y albañilería. Los talleres, así como la escuela, funcionan en la misma institución.

Como se ve, no tienen tiempo para aburrirse. Cuando van a descansar en sus dormitorios, que incorporan alguna comodidad más que los de la segunda etapa, caen rendidos y duermen tranquilos. Lo más original de esta etapa es la educación en y a través del trabajo y la cualificación profesional.

Otro aspecto digno de destacarse es el acercamiento a la familia. Si no se ha hecho en las anteriores etapas, se hace en ésta. Se averigua su situación (no todos la declaran de entrada), una asistente social toma contacto con la familia, se le invita al niño a visitar su casa de vuelta (acompañado, normalmente, la primera vez). Se le invita también a pasar con los suyos algunos fines de semana, en Navidad, en Semana Santa..

No hay que ponerles hora de regreso. Por desgracia, regresan espontáneamente antes de lo que los educadores desearían. No es fácil que se encuentre cómodo en casa quien por algún motivo salió de ella y se echó a la calle viviendo en condiciones precarias e incluso inhumanas.

Pero, poco a poco, con el paso de meses o años, el muchacho se ablanda, se serena y restaña sus heridas. Quizás queda algo de recuerdo positivo en su infancia y empieza a aflorar y cobrar importancia. En este momento hay muchos que ya dan el paso de quedarse, primero tímidamente, y luego en forma definitiva, con sus familiares.

Cuarta Etapa: Paulatina Inserción Social

Para aquellos (no muchos) que no dan el paso del retorno, sigue la tarea de relacionamiento con la familia y se avanza en lo laboral. Si es posible, que trabajen fuera de la casa, en el oficio aprendido.
No es tarea fácil: las exigencias laborales son muchas y fuertes, y la resistencia de estos muchachos es poca y débil. No son raros los fracasos a la segunda y tercera semana.
Algunos empiezan también a seguir fuera los estudios secundarios, aunque se pueden contar con los dedos de la mano los que culminan el básico.

Quinta Etapa: Despedida

A este punto algunos llegan directamente desde la segunda o tercera etapa. Otros, abruptamente, cortan el cordón umbilical con Don Bosco Roga, yéndose al cuartel, cosa que les atrae bastante.
Saben que, a la vuelta del cuartel, podrán volver a Don Bosco Roga, pero ya como ex alumnos, no para quedarse.
No faltan tampoco los que se despiden y.. vuelven al poco tiempo, reiniciando el proceso desde los primeros pasos si es necesario. Lo cierto y lo positivo es que varios centenares de niños y jóvenes han podido volver a reencontrarse con sus padres o algunos familiares, reinsertándose en la vida familiar, después de haber pasado meses o años viviendo en la calle y también meses o años en Don Bosco Roga

Asociate

Un promedio de 20-25 millones (10-12 mil dólares)mensuales es lo que el funcionamiento ordinario de Don Bosco Roga está costando hoy día, sin incluir en dicha cifra lo que aportan directamente el MEC (Ministerio de Educación y Culto) y el SNPP (Servicio Nacional de Promoción Profesional) ni lo que los voluntarios dejan de percibir. Si sumásemos todo eso seguramente nos iríamos a casi 40 millones (18 mil dólares).

Si un niño está en Don Bosco Róga un promedio de dos años antes de volver a su casa, y cada mes hay que invertir en él (es una inversión social, no un gasto) unos 200.000 guaraníes (90 dólares) quiere decir que "devolverlo a su casa" representa unos 5 millones de guaraníes (2 mil trescientos dólares).

¡Baratísimo si se trata de formar una persona o de salvarla! ¡Rentabilísimo para la sociedad si se evita que ese niño se enganche en la delincuencia y viva a expensas de los demás toda la vida, sin producir él mismo nada a favor de la sociedad!

El Cariño no tiene Precio
Pero hay algo que no entra en los parámetros económicos y, sin embargo, es un componente esencial de la recuperación y formación de estos niños: es el amor.

El cariño que se les ofrece es la mejor medicina, la mejor terapia, la mejor enseñanza, la mejor calificación.

Y el cariño ni se compra ni se vende: solo se da. Y se da en abundancia en Don Bosco Roga: por ello el milagro de la recuperación de tantos niños.

Diversas organizaciones colaboran en obras de infraestructura y equipamiento para los niños de la calle, pero no en su mantenimiento ordinario (alimentación, salud, vestido, personal educativo...), que en Don Bosco Róga alcanza mensualmente más de 20 millones de guaraníes (10 mil dólares), como hemos dicho más arriba.


 
     
     
     
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