“Si en una relación de dos personas existe
conflictos, por qué no nos vamos a pelear en el colegio”
El conflicto se ha apoderado de nuestra cotidianeidad. Sin lugar
a dudas que el mundo en el cual hoy vivimos ha cambiado radicalmente.
Ya no existe ese conjunto de principios, reglas o normas que nadie
se atrevía a cuestionar porque todos nos hacíamos
partícipes de ellas en cuanto a su acatamiento y aceptación.
Eran verdades absolutas transmitidas de generación en generación
y compartidas por todos los miembros de la sociedad: padres y madres,
hijos e hijas, profesores y alumnos, ricos y pobres. Este es un
nuevo tiempo.
Nuevo en el sentido de evolución por el tiempo transcurrido,
por los avances tecnológicos; y nuevo porque el mundo ha
atravesado por crisis políticas y sociales que han terminado
por replantear las normas de convivencia.
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Somos partícipes del debate sobre
el rol de las instituciones en el proyecto de conformación
de una sociedad más humana. Se habla de que la familia ha
sido rebasada en su labor y que los colegios deben dictar normas
para que los alumnos respeten a los padres, no fumen, no tengan
novios, no tengan relaciones sexuales, no usen el auto, y muchos
otros no que eran decisiones que se tomaban en cada casa.
Se le quiere dar al docente muchos de los roles que deben ser privativos
de los padres. Se escucha decir en las Salas de Profesores que los
docentes nos estamos convirtiendo cada vez más en niñeros
de lujo.
Hechos estos párrafos introductorios, conviene establecer
pautas pedagógicas para la formulación de normas de
convivencia. La definición de unas reglas claras y conocidas
que regulen distintos aspectos de la vida del colegio y la implicación
del alumnado en el funcionamiento de la vida escolar constituyen
dos líneas de actuación esenciales en la gestión
de la convivencia cuya importancia ha sido puesta de manifiesto
en distintos estudios sobre organización y clima escolar
en el marco de la investigación sobre escuelas eficaces.
El primero de estos factores ha sido destacado por autores como
Watkins y Wagner (1991), ya que en diversos estudios se ha relacionado
con una reducción de la incertidumbre que muchos alumnos
experimentan en situaciones novedosas ante las que desconocen como
actuar. Los alumnos que son conscientes de las normas
que rigen las distintas situaciones de la vida escolar se desenvuelven
mejor ya que saben a qué atenerse y pueden autorregular mejor
su comportamiento; saben lo que tienen que hacer, cómo hacerlo
y las consecuencias que se derivan de ello y por eso tienden a percibir
el clima escolar como algo estable y seguro. En toda la literatura
especializada se defiende la importancia de que los reglamentos
de funcionamiento expresen claramente las reglas y normas de conducta
que se van a aplicar en cada situación y su razón
de ser, para evitar la tendencia a que los alumnos las vean como
algo arbitrario e impedir así que los intentos de corrección
por parte del profesor se vean respondidos con reacciones de protesta
del alumnado.
Cerrando esta entrega sobre este tema que no se agota, quisiera
enfatizar a manera de conclusión, los aspectos más
importantes que deben ser tratados a nivel de Centro Educativo,
cuya perspectiva debe visualizarse en el PROYECTO EDUCATIVO
INSTITUCIONAL:
- Vivimos en una época conflictiva
que raya la violencia y que da muestras objetivas del deterioro
social que estamos viviendo.
- Debemos plantearnos normas efectivas
de convivencia armónica como experiencia vivencial que pueda
ser proyectada a la comunidad.
- Debemos discutir con los padres
de familia nuevos modelos de relacionamiento y compromiso teniendo
en cuenta que compartimos
roles de formadores.
- La construcción de normas de convivencia
debe ser una tarea participativa. No se puede imponer reglamentos.
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